
Navarro anhelaba el MVP. Con aroma a ese galardón, uno de los pocos que le faltan en su trayectoria, desde el arranque copero, Juan Carlos se sentía frustrado por una mitad en la que además de quedarse sin anotar, valoraba negativo (-4). Además, la primera que tocaba tras la reanudación se volvía a estrellar en el hierro del aro. Solo había algo que necesitara más su equipo que sus puntos: su liderazgo. Por ello el triple que anotó tras drible, cambió la historia del cuarto. Con bote en el aro incluido, como en un parto, los primeros 3 puntos de Navarro impulsaron a un Regal FC Barcelona que por fin se liberó en ataque, con otros dos triples consecutivos de Lorbek que le dieron la iniciativa: 37-42 (min.24).
Víctor Sada hurgaba en la herida blanca con un infinito derroche de inteligencia mezclada con testosterona. Además de defensa, asistencias y doble ración de garra, el más bajo de la clase saltó por encima de todos los pívots madridistas para palmear un balón sin dueño y dejar más lejos que nunca en todo el partido a los suyos: 37-44 (min.25). “Tranquilos, tranquilos”, decía Tucker para animar a los suyos, que comenzaban a sentirse peligrosamente desquiciados.
Esa tranquilidad, de la mano de una defensa casi tan intensa como la de su rival, permitió que el Real Madrid siguiese enganchado al partido. “La cordura no depende de las estadísticas”, escribía Orwell en su 1984, y D’or Fisher se proponía servir de ejemplo práctico a tal sentencia. Su -1 no podía ser más engañoso, viendo el enorme derroche del pívot, capaz de mantener con vida en defensa a los suyos en una fase de cuatro minutos sin puntos.
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